La ruta del impago

Al igual que una película de horror, todos estamos presenciando la agudización de la crisis fiscal y económica que está a punto de cumplir una década (mayo 1 de 2016). La llamada recesión criolla que inició antes que la de Estados Unidos, se ha convertido en la peor crisis que Puerto Rico haya enfrentado en su historia moderna. Todos en Puerto Rico nos levantamos diariamente a buscar las portadas de los periódicos y ver cuál es la nueva saga de la “película de horror”. Cuando pensamos que lo habíamos visto todo, los actuales regentes del poder nos sorprenden con una nueva sorpresa.


La improvisación y la falta de un plan coherente provocó la degradación a “chatarra”, luego se perdió acceso a los mercados de capital, que puso fin a la mala práctica de financiar déficits fiscales por espacio de década y media. Como establezco en mi libro “El último tarjetazo: de la chatarra a la oportunidad” nos endeudaron hasta lo máximo e hipotecaron el futuro de las próximas generaciones. La deuda pública per cápita asciende a $20,384 y por contribuyente asciende a $89,181.


En los últimos días nos persigue el “cuco” del cierre del gobierno, y la posibilidad de que el gobierno se quede sin dinero ni siquiera pueda pagar los múltiples vencimientos que comenzará a vencer a partir de mayo. Allá en los círculos de poder de la metrópolis, el Estado Libre Asociado se ha vuelto irrelevante tras el fin de la guerra fría, y la pérdida de valor geopolítico. Excepto por el poder que pueda ejercer la diáspora boricua en el norte, no tenemos mucho “leverage” para hacer que el americano mire para acá.

Así las cosas, parece que estamos llegando al final del camino. Parece que, por fin, la sociedad puertorriqueña comienza a enfrentar la realidad que la clase política ha intentado ocultarnos por mucho tiempo. La insolvencia del gobierno debe poner fin a décadas de gastar más de los recursos que entran a las arcas públicas. La quiebra fiscal deberá forzar a revisar el estado benefactor y la cultura paternalista que ha carcomido la ética de trabajo y la meritocracia, dos valores fundamentales de las sociedades exitosas.


Muchos aún se preguntan cuál será el desenlace de esta película, ¿cuándo y cómo terminará la gran depresión puertorriqueña del siglo 21? Es difícil describir con precisión lo que va a ocurrir aquí, pero desde mi humilde perspectiva, creo que vamos a camino a una reducción significativa en la jornada laboral por la insuficiencia de recursos fiscales.


Justo después, ocurrirán múltiples impagos de vencimientos de deudas, particularmente, de las notas del Banco Gubernamental de Fomento y quizás de las Obligaciones Generales (GO). El tercer evento, será el colapso final del modelo de salud financiado por el gobierno (Mi Salud) que, para todos los efectos prácticos, ya está insolvente. Este último evento y el primero, pudieran crear mucho malestar social con consecuencias que ni quiero imaginar.

La gran interrogante es si en efecto habremos aprendido algo de esta crisis, si en efecto, como otras sociedades, el trauma infligido podrá provocar una nueva visión de país que nos permita llevar a cabo un nuevo proyecto social y económico. Mientras, la crisis continúa sin solución, la única solución es preparar un plan económico y financiero a nivel personal.

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