El BGF y la muerte de las instituciones

Puerto Rico está viviendo momentos históricos, una coyuntura que podrá definir el tipo de país que seremos en el futuro. Sin embargo, la superficialidad con la que se mira lo que está pasando, impide que entendamos la magnitud y la gravedad del problema.  La posible sindicatura del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), es el más reciente capítulo de la trágica novela de la que todos directamente o indirectamente, nos hemos vuelto personajes.  Previo a la crisis del BGF, experimentamos la quiebra de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), otra institución clave de la transformación económica, iniciada en la década del 1940.  Caen ante nuestra mirada impotente, las instituciones que catapultaron a Puerto Rico hacia la modernidad industrial y urbana. Son momentos de reflexión no de jugar a la política.


El Banco Gubernamental de Fomento, fundado en 1942 por un grupo de puertorriqueños visionarios, fue pieza clave del andamiaje institucional que apoyo el despegue económico-industrial de la isla durante la “Operación de Manos a la Obra”.  Tuvo el rol de gestar y coordinar todos los aspectos de financiamiento de la infraestructura necesaria para potenciar el despegue de Puerto Rico.  Cómo agente fiscal del gobierno, tuvo la responsabilidad de apoyar fiscalmente a las agencias y corporaciones públicas en su gestión. Desde su fundación, hasta hace poco, casi todos los gobernadores hicieron un buen uso del BGF respetando su autonomía y su independencia como agente fiscal.  Esa deferencia fue clave para que el BGF mantuviera una buena reputación ante la comunidad financiera y los mercados de capital.  Así la institución se fue modernizando según cambiaban las condiciones económicas y los retos de Puerto Rico.  Entre 1973 y 1976, durante la crisis económica pudo maniobrar a través de aguas turbulentas que provocaron una gran crisis de liquidez en aquél momento histórico.


En la década del 1980 al 1989, amplió su rol y el BGF fue clave en los esfuerzos del gobierno en insertarse en económicamente en la región del Caribe en lo que se denominó la “Iniciativa para la Cuenca del Caribe” (CBI por sus siglas en inglés).  Con los fondos de las corporaciones 936 depositados en la banca local, desde Puerto Rico comenzaron a financiarse proyectos de desarrollo económico en la región.  Los problemas llegaron después, cuando el BGF comenzó a alejarse de su rol de agente fiscal y comenzar a proveer financiamiento directo a municipios y corporaciones públicas, sin que estas tuvieran fuentes de repago.  Comenzaron a surgir los déficits fiscales, la deuda extra constitucional, y el BGF comenzó a convertirse en una especie de cajero automático de las dependencias en problemas fiscales.  Así se comenzaron a otorgarse líneas de créditos a corporaciones públicas y préstamos a entidades que no eran financiables.  Hoy, la cartera de préstamos del BGF asciende a cerca de $7,000 millones, y muy poco se sabe de la verdadera salud de esa cartera.


Puerto Rico luego del BGF

Con una liquidez que apenas alcanza los $667 millones (reportada en enero de 2016) y un total de $4,200 millones en notas emitidas en el mercado, su crédito a nivel “chatarra” en las principales agencias de crédito, sin acceso al mercado de capital, y sus principales clientes, el gobierno, las corporaciones públicas y algunos municipios en niveles de insolvencia, es altamente probable, que en algún momento el BGF sea sometido a un proceso de sindicatura.  La desaparición del BGF implica que el gobierno perdió a su agente fiscal y ya no habrá a quién recurrir para pedir dinero prestado.


Queda sobre la mesa una pregunta básica, ¿Qué ocurrirá si el BGF incumple con los bonistas que invirtieron en sus notas? Miles de inversionistas casi todos locales como cooperativas, individuos, pensionados, fondos mutuos, y planes de pensión, compraron estos instrumentos. Un impago de principal o de intereses puede golpear malamente a estos grupos.


Para todos los efectos prácticos, ya el BGF no puede auxiliar a nadie, y peor aún, el gobierno y el resto de sus instrumentalidades, incluyendo municipios grandes que aún son solventes, tampoco tienen acceso a financiamiento.  La casi muerte del BGF como lo conocimos, cierra cualquier posibilidad de continuar la práctica de financiar déficits y las prácticas de gobierno que nos han traído al actual atolladero financiero.  Va a obligar a tomar decisiones difíciles y poco simpáticas, como reducir el gasto público, incluyendo la nómina gubernamental, a nivel del gobierno central y los municipios.  A partir del cierre del BGF, todo el andamiaje gubernamental tendrá que transitar hacia la autosuficiencia ya que el cajero automático se le acabó el efectivo.


De igual manera, los que quieran hacer un hotel, tendrá que buscar financiamiento propio, ya que el famoso “Fondo para el Desarrollo Turístico”, que proveía garantía a proyectos turísticos, se secó también.  Los alcaldes rojos y azules, ya no tendrá a donde ir para tomar prestado, y cuando se acabe la crisis fiscal, solo aquellos municipios con estados financieros “presentables en sociedad”, tendrán acceso a financiamiento.  Finalmente, se acabó la era de hacer proyectos faraónicos y mega-proyectos para impresionar a los votantes.

Con la quiebra del BGF, termina una era y comienza otra.  Comienza la era de responsabilidad fiscal y de comenzar a vivir dentro de las limitaciones de nuestros recursos económicos



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