Las empresas 936 vs. Las peleas de gallos: Un análisis de dos crisis

Es estos días previo a la navidad nos sigue persiguiendo la insensatez y la política surreal con claros aires populistas siguen dictando la pauta en el gobierno. El último capítulo de la locura en la versión boricua de Macondo, es la rebelión gallística.

La controversia por la prohibición federal de las peleas de gallos ha creado una especie de rebelión no solo de los galleros sino del propio gobierno, que ha salido en un defensa algo inusual de esa “industria”.

De hecho, hoy entró en vigor el nuevo estatuto que prohíbe las peleas de gallos en Puerto Rico, como al igual que en el resto de los estados. Luego de consumir todas las alternativas legales y un intenso cabildeo en la Isla y en la capital federal, el gobierno local se jugó su última carta, y la Gobernadora Lcda. Wanda Vázquez firmó una ley criolla (sin valor jurídico alguno) para “proteger legalmente” las peleas de gallos.

Llama la atención que la gobernadora, que fue Secretaria de Justicia, y ex Fiscal, sabiendo que esa ley no tiene peso legal alguno, porque se dispara dicha movida., ¿populismo? ¿politiquería? ¿presiones de cabilderos? La razón que haya tenido trasciende los limites de la cordura y el buen juicio de lo que es el buen liderazgo.

Dicha acción, envía un peligroso mensaje de avalar un acto claramente ilegal bajo las leyes federales y un abierto desafío al Congreso, justo en el momento en el que se debaten grandes asuntos sobre el futuro de la Isla.

Si en efecto el gobierno local fuera a desafiar las normativas federales que rigen la actual relación política y económica, deberían ser en áreas como las leyes de cabotaje, y nuestra incapacidad de firmar tratados comerciales con otras naciones.

Llama la atención el furor mediático que ha provocado la controversia del fin de las peleas de gallos, mientras Puerto Rico vive otras apremiantes necesidades, como la seguridad pública, el estancamiento en los fondos federales para reconstruir a la Isla, la reestructuración de la deuda, la crisis de las pensiones, la violencia de género.

La lista de problemas es casi infinita, pero lo que ocupa la atención de nuestros ‘’líderes” son las pelas de gallos. Es bochornoso e inverosímil como juegan con las percepciones, mientras Puerto Rico se ahoga en sus decenas de problemas.

Se habla de que la “’industria” de las peleas de gallos genera sobre 25,000 empleos, y millones largos en actividad económica, pero no hay cifras ni fuentes claras. En efecto, la propia industria agrícola en su totalidad apenas genera 16,000 empleos, por ende, no se donde sacan las cifras los defensores de las pelas de gallos.

En el 1996, el Congreso de los Estados Unidos, con la bendición del gobierno local, eliminó de un plumazo la Sección 936 del Código de Rentas Internas Federal, que era el principal motor de la economía local. En aquel momento no hubo la indignación ni el mismo furor colectivo que hoy se vive por el tema de los gallos.

Miles de hermanos y hermanas puertorriqueñas comenzaron a perder sus empleos bien remunerados según comenzaban a cerrar las fábricas que se beneficiaban de la Sección 936. No hubo llamados a la indignación, y mucho menos se aprobaron leyes simbólicas de rechazo a la acción del Congreso.

Dos décadas más tardes, Puerto Rico ha sucumbido ante una crisis económica y fiscal sin precedentes, pero ese mismo “liderato” político carente de visión y capacidad, solo insiste en entretener al pueblo con temas vacíos y leyes sin sustancia. Triste por nosotros, más triste por los pobres gallos.

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