La aportación económica de la población adulta madura

May 22, 2019

En años recientes, según se acelera el proceso del envejecimiento poblacional provocado por la generación de los “Baby Boomers”, se ha abierto un debate sobre el impacto económico de este grupo poblacional.  La población longeva se define por el grupo que tiene 50 años o más, y que, en el caso de Puerto Rico, representa el 37% de toda la población, y según analistas de la organización AARP, se espera aumente a 47%, en el 2040.  

 

Un ángulo nuevo parece darle claridad al debate en torno al impacto de este grupo poblacional, que puede dar base a estrategias de negocios y empresariales. Según un análisis económico hecho público por el capítulo de AARP en la isla, la aportación de la población con cincuenta años o más, genera un fuerte impacto sobre la economía local.

 

De acuerdo al estudio titulado, “Economic Impact of the Longevity Economy”, este grupo poblacional aportó $25.4 billones a la economía de Puerto Rico, y generó 371,000 empleos, equivalente al 41% de todos los empleos. Agrega el informe, que los ingresos generados por los empleados de este grupo, ascendió a $14.3 billones (41%) del total, y aportaron con $2.3 billones en contribuciones en ingresos fiscales al gobierno central y los municipios. 

 

Expande el informe de AARP capítulo de Puerto Rico, que la demanda por bienes y servicios de este grupo poblacional es de $20.7 billones, lo que representa cerca de una tercera parte del gasto de los consumidores en el 2015. El gasto mayor de esta población se concentra en los renglones de salud entretenimiento, y utilidades.  Un dato que me llamó mucho la atención, es el hecho que un 37% de los activos productivamente, lo hacen a través del auto-empleo o con una empresa, lo que deja saber la fuerte inclinación hacia el empresarismo. 

 

 

 

 

 

 

 

Un cambio de paradigma

 

La valiosa información provista por AARP provee la base para que comencemos a cambiar la manera en que el País mira a su población adulta madura. Históricamente, hemos cometido el error de mirar a esta población como una carga o un costo para la sociedad. Peor aún, se ha estigmatizado a este grupo poblacional, como uno no productivo y lo hemos descartado como una posible fuente de conocimiento y aportación al país. 

 

Ante la inevitable realidad de que esta población se convierte rápidamente en un segmento mayoritario, me parece que es momento de que comencemos a cambiar la visión y los enfoques de todos los sectores hacia este grupo de nuestra sociedad. Hay que comenzar a construir un nuevo paradigma que nos permita derrotar los prejuicios para que el gobierno desarrollo políticas públicas que maximicen a esta población como un activo para Puerto Rico. 

 

De igual manera, el sector privado debe comenzar a desarrollar estrategias que permitan atender de forma satisfactoria las necesidades de estos consumidores, que son un importante mercado. 

En el corto plazo, una de las áreas en las que hay que tomar acción inmediata es en el aspecto laboral. 

 

Un mercado que hay que atender

 

Desde el punto de vista de la industria de consumo, hay otros retos que atender. Por ejemplo, la oferta de productos de alimentos, ropa, y otros artículos de necesidad, ¿Están enfocadas las empresas en segmentar adecuadamente sus productos a esta población, desde el punto de vista de publicidad, empaque y precios? Particularmente los supermercados, que están experimentando una dramática transformación ante el cambio en el perfil de los consumidores.

 

En el renglón financiero, ante el posible regreso de esta población al mercado empresarial o al auto-empleo, ¿Están alineadas las políticas de crédito de los bancos y las cooperativas para atender este segmento del mercado?

 

Estudios recientes indican que las personas de cincuenta años son más cuidadosas con su crédito y sus finanzas personales, que la población de menor edad, pero posiblemente, las instituciones financieras son más cuidadosas al momento de evaluar las peticiones de préstamos de la población en edad madura.

 

En fin, la nueva realidad, nos obliga a repensar muchas cosas, y cambiar las visiones hacia este importante sector de la población, para integrarlos a la tarea de reconstruir a Puerto Rico.

 

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